Una anécdota de tregua a mitad de semana
Marta llegaba crispada después del transporte atestado. Encendió su mezcla calma, puso música lenta y leyó dos páginas. El cedro le recordó bosques del verano, y la bergamota, una sonrisa antigua. Quince minutos después, decidió posponer correos y cocinar algo sencillo. Lo pequeño, bien hecho, le devolvió el pulso amable.